La exploración como actividad humana, es una entrega a lo desconocido, una búsqueda sin objeto que a lo largo de la historia ha dado como resultado grandes revoluciones sociales, políticas, culturales, artísticas, gastronómicas, tecnológicas y médicas. Pero también ha dado como resultado experimentos fallidos, tragedias, dramas, muerte y destrucción. La exploración puede ser una búsqueda o el proyecto de perderse deliberadamente en el vacío.
Exploración del cuerpo en danza es un eufemismo que puede referirse a una búsqueda sin objeto claro, un lanzarse a la mar con rumbo desconocido, pero con la convicción de llegar a buen puerto: a un descubrimiento; o bien, es un término de uso común de artistas para oscurecer su despropósito y justificar innecesarias producciones en nombre del goce estético. La indiferencia en nombre de la realización personal. Un rasgo característico de la Era del vacío que denunció Gilles Lipovetsky en el ya lejano 1983, hace 43 años.

Luna de Shangai es una obra de danza contemporánea en la que la coreógrafa Lidya Romero celebra 50 años de trayectoria artística. Una puesta en escena que se presentó los días 13 y 14 de junio de 2026 en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM y la cual se ofrece como una “exploración en las profundidades de la experiencia humana y sus contradicciones”.
La obra toma del lejano oriente algunas formas, elementos de las culturas china y japonesa como piezas musicales en escala pentatónica que son evocaciones de la música tradicional china, lámparas de papel, kimonos y camisas de cuello tipo mao, las cuales visten de oriente los ya conocidos vicios de occidente.
Violación tumultuaria, orgía, abuso, violencia, consumo de drogas y alcohol, todas estas expresiones de la condición humana bellamente representadas por bailarines dotados de gracia que a sabiendas, o no, bailan la danza de la decadencia de occidente más allá de las ambiciones artísticas de Lidya Romero.
Vaciar de sentido las propuestas artísticas en nombre de la exploración estética y al mismo tiempo llenarlas de evocaciones fantasmagóricas de conceptos, personajes y obras dadoras de prestigio. Wong Kar-wai, Akira Kurosawa, Yukio Mishima, budismo zen y erotismo; son nombres y conceptos atribuidos a Luna de Shangai. Sin embargo, la visión occidental se impone al punto de devorar las pretendidas influencias y abordajes. El vacío se percibe como la musa de esta obra memorable por su logrado abordaje de la ebriedad, de la juerga, del encono, de la violencia sexual y de la banalización de la desnudez a través del trabajo corporal que es sin duda todo un ejercicio de exploración del cuerpo.









