Cabalgar el rayo del trauma | Megadeth en México

La reconstrucción del individuo después del trauma es un arduo camino a través del infierno personal. La necesidad de supervivencia hace de las víctimas unos verdaderos titanes que no pocas veces encarnan la épica de los grandes héroes o de los peores tiranos. La semilla del trauma ha sido el inicio de vitales campos nutricios y también de temibles epidemias. Paradójicos caminos en la encrucijada del abuso.

Megadeth es un caso muy especial en la historia del Heavy Metal, género musical surgido de la adversidad, en ambientes de marginación y, ciertamente de individuos que no han tenido ningún problema con mostrar sus heridas, con hablar de ellas y hacer del exorcismo de sus demonios un performance, una obra de arte necesaria como toda obra de arte lo es. 

La agrupación fundada por Dave Mustaine es el campo de batalla de un ser humano herido de muerte existencial por un padre abusivo y por el abandono de sus antiguos compañeros que lo expulsaron de la que se convertiría en una de las agrupaciones más sobresalientes del Thrash Metal, Metallica, y que; sin embargo, ha hecho de su lucha, también contra las adicciones, una obra estética que ha sido apreciada por millones de individuos alrededor del mundo.

El guitarrista, cantante y compositor, hoy de 64 años de edad, ha anunciado su retiro y ha publicado el último disco titulado simplemente Megadeth, en el cual cada composición es una especie de tributo a cada etapa de todos sus trabajos discográficos, incluso de los que fue partícipe involuntariamente que son los dos primeros discos de Metallica, pues re grabó la canción Ride the Lightning que compuso en los inicios de su carrera y que, contra su deseo expreso, se incluyó en el disco homónimo de Metallica. El ser humano “salvaje” que ha atravesado el infierno luchando contra sus demonios, parece finalmente estar llegando a un punto de equilibro. 

Durante las noches del 10 y 11 de mayo de 2026 acontecieron impactantes momentos durante las dos presentaciones de Megadeth en la Arena Ciudad de México. En el público mexicano que llenó la enorme arena durante dos noches se percibió un reconocimiento muy especial, quizá desde las heridas propias, desde la coincidencia bioquímica que hace posible la apreciación estética de la distorsión, de las Flying V y de los paradiatonicismos tan característicos de las composiciones de Mustaine y en general del Heavy Metal y sus subgéneros. ¿Qué conecta en el fondo a Mustaine con su público?

En los conciertos de Heavy Metal se reúnen toda clase de personas, desde sexagenarios contemporáneos de los artistas, mujeres de todas clases sociales, oficinistas, obreros, profesores, médicos y hasta niños. En el concierto de Megadeth del 11 Mayo se vivió un ambiente especialmente emotivo de celebración a una trayectoria artística, pero sobre todo a una vida y a la necesidad creadora. El cariño del público mexicano tomó por sorpresa a Dave Mustaine, quien después de anunciar la canción final del concierto, permaneció en silencio y conmovido, con la mano posada sobre el atril del micrófono, bajó la mirada y colocó la frente contra él. Permaneció así durante unos segundos y se dirigió al backstage, hizo un gesto como si se hubiera secado unas lágrimas. Después regresó y tras decir “aquí vamos” Megadeth comenzó a interpretar Ride the Lightning. El público celebró con “guitarras al aire”, “mosh pits” y “crowd surfing”. Cabezas agitándose violentamente al ritmo de la música, cuerpos elevados con emotivos saltos, brazos extendidos con manos cuyos dedos moviéndose como serpientes realizan una especie de mímica que sigue las notas de los solos de guitarra. Un espectáculo en toda la extensión de la palabra, arriba y abajo del escenario. 

Los solos de guitarra más famosos de Megadeth, compuestos por el querido Marty Friedman, guitarrista que abandonó el grupo en 1999, son una especie de entes aparte. Cual si fueran personajes en sí mismos son esperados, celebrados y sobre todo disfrutados por un público sibarita que exige la precisión de la secuencia melódica, pero sobre todo de la expresividad que ha hecho de los solos de Tornado of souls, Symphony of destruction, Trust, Sweating Bullets y Skin o’ my teeth, por mencionar solamente algunos, prácticamente obras de arte en sí mismas. 

Mustaine ha manifestado durante mucho tiempo una insatisfacción que parece permanente por ser el número dos, siempre eclipsado por la grandeza de Metallica. En su afán por superar el trauma, por comunicar su ira, por conseguir el afecto, por vencer finalmente, por sobrevivir; da la impresión de que no se ha dado cuenta de que ha ganado la carrera más importante de su vida y que va corriendo a toda velocidad, como todos esos riffs que lo han encumbrado como un gran artista, pero que -como suele ocurrirle a los historiadores- por mantener la vista enfocada en el pasado no ha conseguido hacerse consciente de que lo que podría calificarse como una trágica trayectoria, en realidad es una obra total en la que el artista y su arte son congruentes e inspiradores. 

Probablemente Mustaine tuvo enfrente de sí la consciencia de lo que ha construido y de su verdadero valor, aunque esto haya ocurrido en menos de tres minutos en un concierto en México, justo antes de entregarse nuevamente a sus demonios, ante miles, cabalgando un rayo.