Han pasado ya más de cien años desde que Marcel Duchamp realizó “Fuente”, la famosa escultura que dio pie al concepto del Ready Made en el mundo del arte.
Duchamp cambió de contexto un objeto, específicamente un urinario de porcelana, y con ese cambio lo convirtió en una obra de arte. Llevó el recipiente de orina, del mundo de los artículos para baño, al mundo del arte. Poner un mingitorio en el museo hizo de él una obra de arte. Sin duda un cambio de paradigma en el mundo del arte y una genialidad de principios del siglo XX.
A partir de “Fuente” han aparecido en el mundo múltiples expresiones artísticas que se han nutrido de creaciones propias de otros contextos. La genialidad se ha ido degradando de imitación en imitación hasta convertirse en cliché. Más de cien años han bastado para lograr por completo la metamorfosis de la mariposa en gusano.

Jean Michel Basquiat llevó el grafiti de los marginados a la dignidad (¿superior?) de las galerías de arte y los museos. Hizo una fortuna cambiando de contexto los garabatos callejeros, dotándolos del aura artística. El artista máquina (de hacer dinero) tenía que salir necesariamente de una fábrica de arte. El germen neoliberal ya habitaba en el organismo del arte.
Pornografía elevada a la categoría de arte es otra de las descontextualizaciones con gran recepción por parte del público sensible al acto de creación, seres cautivados por la mente de Jeff Koons, el artista-empresario que ha hecho del arte una lucrativa furcia. En el año 2019 se realizó una exitosa exposición, Apariencia desnuda, en el Museo Jumex de la ciudad de México en la que combinaron la obra de Koons con algunas piezas de Duchamp. Un intento, paradójicamente, fallido de ready made para validar a la copia degradada con la presencia del original.
Sacar de contexto el producto de la necesidad para dignificarlo con la mano santa del artista es lo que llamo la Tentación de Duchamp.
Como movidos por la Tentación de Duchamp, la compañía Cirko de Mente, toda una circe, dignifica el arte circense, la acrobacia, el break dance, la danza contemporánea, la música electrónica, los cantos de cuna italianos(¿?), la pantomima, entre muchas manifestaciones populares más; dotándolas de arte. El cuerpo del artista convierte en arte lo que es propio de la calle o de otros lugares.

En algunos, el nihilismo es una manifestación de la voluntad, un proyecto consciente. Desde Duchamp, hasta Samuel Becket, pasando por Tristan Tzara e incluso Cantinflas, el absurdo-a-propósito ha tenido magníficas consecuencias. En otros el nihilismo es involuntario. Podríamos decir que ellos son los verdaderos nihilistas.
Vaciar de contenido la expresión artística, privilegiar la forma sobre el fondo, anular la palabra profiriendo vocablos ininteligibles, decir que se dijo lo que no se dijo, embellecer la nada para hacerla, ya no solamente soportable, sino deseable; es el paradigma con el que cerró el siglo XX y con el que se inauguró un nuevo siglo de emotividad adicta sin sentido.
Encanto de las formas, de la estética, de la carne, de los productos callejeros bañados y hechos presentables y no solo presentables, sino atribuibles y elevados a la dignidad de obra intelectual. Luna Eva, producción de la compañía Cirko de Mente, tendrá tres presentaciones los días 31 de enero, 2 y 3 de febrero de 2025 en la Sala Miguel Covarrubias gracias a la Dirección de Danza UNAM.
¿La belleza del nihilismo contemporáneo será el último recurso del arte en el primer cuarto del siglo XXI? Ojalá sea voluntario.


