“Bajo esta piedra hundirás tu iglesia”, título de la obra de Sara Pinedo, en la que el resentimiento y la impotencia son zancos sobre los que se eleva la supremacía moral de artistas que, vestidos con estolas de empatía, celebran una liturgia destructiva de símbolos ajenos en nombre de la justicia.
La obra aborda el tema del albergue Ciudad de los niños de Salamanca, Guanajuato, dirigido por el sacerdote Pedro Gutiérrez Farías, en el que se documentaron abusos en contra de menores de edad durante décadas. El caso tiene especial relevancia por la impunidad de los responsables y la aparente complicidad de autoridades.
Teatro documental, periodismo teatro, teatro moral, pero sobre todo teatro denuncia; esta obra es una dogmática lección moral ¿iconoclasta? -por paradójico que resulte- en la que el sarcasmo y la ironía salpican incluso al público que es cuestionado sobre si sabe algo del tema tratado en la obra o si de plano no sabe nada. Como si conocer el tema en cuestión, por atroz que resulte, debiera ser obligatorio para todo el mundo y la postura al respecto… la correcta o de lo contrario sufrir el escarnio, a pesar de lo contradictorio que esto pueda resultar respecto a la postura “crítica”, “justa” y “respetuosa de los derechos humanos”.

Una obra interactiva en la que los actores ponen al público a hacer manualidades y a confesar en papel sus más terribles acciones cuando eran niños para después utilizar estos recursos en la obra con el fin de realizar el asalto moral típico de todo dogma: sí o no. En otros momentos de la obra los actores leen a algunos miembros del público las terribles declaraciones de las víctimas en las que se detallan los abusos sufridos: un recurso clásico para ejercer presión en las personas para que tomen una postura deseada, nada más contrario al ejercicio de la libertad. En otro momento, una escultura de chocolate que representa el logo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos es ofrecida al público como si fuera una hostia católica. Las personas se comen a una CNDH de chocolate, es decir inocua.
Decía Nietzsche que el sacerdote es el encargado de recordarnos que tenemos una deuda eterna e impagable. Los actores de “Bajo esta piedra hundirás tu iglesia”, paradójicamente y aparentemente sin darse cuenta -espero-, se convierten en sacerdotes que siembran la semilla de la deuda eterna e impagable de los abusos sufridos por esos desdichados menores, en el corazón de la audiencia y son los diseminadores del evangelio según Sara Pinedo.

Pretensiosas “provocaciones”, mordidas de una boca desdentada, ocurren en varios momentos como cuando se hace la parodia de la liturgia y los actores arremedan la lectura de los evangelios poniendo en su lugar artículos de las leyes mexicanas.
Desdichados los niños que cayeron en manos de los abusadores del albergue La Ciudad de los Niños y cuyas historias terminaron en manos de dramaturgos y actores que han sabido capitalizar el horror ajeno y hacer de la tragedia la justificación ideal para alimentar el fuego de su resentimiento en nombre de la justicia, una justicia de chocolate también.
Esta obra se presenta del 19 al 22 de febrero de 2026 en el teatro Santa Catarina de la UNAM.





