El recuerdo de los “años dorados” suele evocarse en tiempos de desolación como anestesia, por orgullo… por necesidad. Ante el amargor del fracaso, el dulce imaginario del pasado grandioso ha sido el recurso salvífico de individuos, familias y sociedades enteras. También ha sido la semilla del desprecio, del odio, del daño, de la destrucción.
El drama humano –¿acaso hay otro?–, que hace del que sufre, el que hiere; es la máquina perpetua de las historias que componen nuestras vidas para deleite, o tormento, de nosotros mismos. El Zoológico de Cristal de Tenessee Williams es una caricia de magnanimidad hacia el sufrimiento de los miembros de una familia rota –¿acaso hay otra?–, que, por necesidad y sin querer, han construido su personalidad, su auto imagen y sus deseos como una armadura, dentro de la cual hay seres vulnerables –¿acaso hay otros?–.

La injusta cadena dramática de las víctimas de las víctimas encuentra una de sus más bellas rupturas en la creación artística de seres sensibles que, como Tenessee Williams, logran ver a través de los hechos para entender y explicar el drama humano con el toque terso que el entendimiento puede dar.
Obra con tintes biográficos. El Zoológico de Cristal no oculta la desesperación de la madre y su injusto trato, sino que la expone como un ser doliente, absolutamente humano… demasiado humano. El temor y la timidez de la hermana, cuya autoestima es diezmada en buena medida por la discapacidad, la relación con la madre, la ausencia del padre y la distancia emocional del hermano que, incapaz de expresarle su afecto, lo muestra “entre líneas” en el deseo de tenerla cerca una vez habiéndose ido.
Pensar que el pasado fue mejor y que esa nostalgia es el impulso para llegar un futuro superior es el equívoco común de individuos, familias y naciones. La señal absoluta de la autocrítica destructiva de que uno está acabado. Hacer grande nuevamente a una nación o a un arte con sus reminiscencias es la paradoja típica del vencido. Tanto en lo social como en lo artístico y lo personal, si consideramos que hubieron tiempos mejores, definitivamente no los habrá.
A ochenta años de distancia del estreno en Chicago de una de las mejores obras escritas por Tenessee Williams, el teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario de la UNAM materializa, gracias al trabajo de Laura Almena, Miguel Cooper, Anaïs Umano y David Juan Olguín Almela, bajo la dirección de David Olguín; la historia de una madre desesperada, una hermana frágil, un padre ausente y un hombre de clase trabajadora con aspiraciones de escritor, que es la metáfora perfecta de cualquiera de nosotros.
Del 19 de febrero al 24 de abril se presenta este clásico contemporáneo del teatro los días jueves, viernes, sábados (19 horas) y domingos (18 horas).








